Relaciones: lo que no (nos) cuentan en los cuentos

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¿Por qué el tema de las relaciones amorosas resulta tan atractivo? Bueno, quizás porque un buen número de terrícolas está padeciendo en ese departamento. No se justificaría semejante cantidad de textos de auto-ayuda y especialistas (más o menos confiables) en lo de los quebrantos de pareja, si estadísticamente la gente pudiera, ojalá sin demasiados intentos fallidos, encontrar a es@ compañer@ de travesía, deseos@ de acompañarles (los más ambiciosos, por el resto de la vida y los más realistas, mientras las cosas no se tornen patológicas).

Pero los números no son nada halagüeños. Las relaciones se volvieron fuente privilegiada de desencuentros, fantasías destruidas y muy costosos procesos abogadiles. Ni los heterosexuales, ni los homosexuales, ni los bisexuales, ni los asexuales ni los poliamorosos parecieran ofrecer estadísticas que despierten algún grado de esperanza. Las ventas de gatos hacen su diciembre, 12 meses al año. La soledad, aparentemente acompañada de un felino, duele menos. Todas esas altas torres de apartamentos están repletas de gente triste, al constatar como sus papás y abuelitos, sin meterle tanta mente, lograron terminar sus días acompañados. Bien acompañados algunos. Otros no tanto.

Yo observo varias causas del por qué. Siento que ya las he esgrimido prácticamente todas, en aquel blog que alimentaba hace años, a saber, Enredos Amorosos. Sin embargo, no está de más apuntar a algo que me parece que no se está observando con la seriedad del caso: los fracasos parejísticos están sumiendo a sus participantes en toda una serie de otros quebrantos psicoemocionales. Ansiedad, angustia, ideaciones suicidas, compulsiones, paranoias, consumo indebido de fármacos, insomnio, etc.

Y es que las relaciones, más que una consecución, deberían ser vistas como un inicio. Y todo inicio, se que lo saben, puede tomar 2 caminos: el del éxito… o el otro. No me gusta utilizar el término “fracaso” en el universo de las relaciones, ya que no aporta nada a la comprensión. Y en todo caso, como he dicho en cientos de ocasiones en la consulta, si se desea ver como un fracaso, pues al menos véanlo como un fracaso compartido. Fracasaron ambos y el porcentaje de responsabilidad ante semejante desenlace poco importa (ni siquiera sabría cómo calcularlo). Las relaciones se acaban. Sí, créanme. Es así. Todas las relaciones se acaban. Esas que ustedes observan y admiran, han acabado varias veces y han vuelto a reconfigurarse (nota aclaratoria: no me refiero necesariamente a esa decadente dinámica de terminar, bloquearse, desbloquearse, volver, ilusionarse, sufrir, terminar, bloquearse, etc., etc.). Procedo.

Todo lo que está vivo se transforma. Evoluciona, muta. Lo que se detiene se pone malo, se enferma y luego muere. Si toda relación es, tal como he venido enseñándolo desde hace más de una década, un ser vivo con cierto grado de autonomía respecto a aquellos que la conforman (sean 2, 3 o 4, dependiendo de la configuración elegida), entonces no podemos asumir su inmortalidad, si esta está sostenida sobre hombros de mortales.

El que dijo que mantenerse en una relación es algo sencillo, o no sabía lo que estaba diciendo o flagrantemente difundió información imprecisa. Es un ejercicio continuado, con momentos memorables y otros dignos de ser borrados de nuestra memoria (a lo Jim Carrey sufriendo por el recuerdo de Kate Winslet). Y algunas veces hacemos las cosas bien y resultan mal… y viceversa. El ámbito de las relaciones es un universo con leyes particulares. Algunas las sabíamos. Algunas no nos las enseñaron. Otras tendremos que olvidarlas. Pero sobre todo, tendremos, en plural, que acordar un nuevo “set” de reglas, uno que involucre e incluya los deseos y metas de cada uno de los participantes. No hacer eso es apostar por el malestar.

Si tan solo el ser humano contara con la capacidad de olvidar… pero no se puede. Tenemos un inconsciente donde queda todo registrado.

Me considero un pragmático. Todo lo que existe tiene que cumplir alguna función. Las relaciones, según mi opinión personal, no escapan a semejante designio. Mentalmente me planteo dos escenarios: estar con alguien o mantenerme solo. Cada “oferta” tiene ventajas y desventajas (ambas, lo digo con conocimiento de causa). Soy yo, el que, mucho antes de invitar a alguien a acompañarme, intento contestarme qué me impulsa a cambiar mi “status” de relación.

Sí, soy yo. Y ese ejercicio de auto-preguntarme y auto-contestarme requiere de una estructura de pensamiento compleja, la cual solo encontraremos en las mentes con cierto grado de madurez. Relacionarse es una acción, de ahí que las condiciones de sus participantes incidirán en el movimiento y dirección del experimento emprendido. Ya lo dije. Las relaciones son el inicio, no el desenlace. El matrimonio, por citar un ejemplo, inicia cuando el último invitado de la ceremonia se ha marchado. Todo lo anterior es un “preview”. Y claro, si ni siquiera el preview funcionaba, no tiene sentido alguno sostener semejante “via crucis” en potencia.

Mi esposa no está de acuerdo conmigo, pero yo sí creo en los accidentes, en los tropiezos. Y no tienen que ser necesariamente malos. Cuando hablo de accidentes o tropiezos me refiero a esas situaciones no planeadas que te piden tomar decisiones. No siempre estaremos a la altura del momento, pero podríamos al menos tomárnoslo en serio e intentar subsanar eso que disminuiría la posibilidad de que la relación no fructifique.

Los cuentos románticos deberían estar prohibidos. Hacen creer que las cosas saldrán porque sí, porque el destino así lo quiso. Nadie ha alcanzando la plenitud por suerte y el que parece que sí, tarde o temprano hará algo para echar las cosas a perder.

Si fuésemos un poco más realistas. Menos novelescos. Si nos concentráramos lo suficiente, tendríamos la capacidad de corregir de camino, o al menos de observar que ya no hay nada que corregir, lo cual es también importante observar. No vaya a ser que se nos vaya la vida sufriendo en compañía… como muchos abuelitos y papás.

Allan Fernández, acompañante y orientador filosófico / Podés seguirme a través de Instagram y Facebook

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