El buen vivir y el mal dormir

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Dos síntomas me parecen particularmente lacerantes: el insomnio y el dolor de cabeza. Quiero decir que los que no sufrimos de ellos, más que en ciertas -molestas- ocasiones, podemos ver su impresionante poder de desgaste. De los dolores de cabeza me referiré en otro momento. Hoy deseo compartir una o dos ideas respecto al insomnio.

Empecemos por algo totalmente obvio: el cuerpo es una máquina, un aparato. Y como todos estos, necesitan dos elementos, los cuales resultan fundamentales: energía y descanso. ¿De dónde extrae la energía el cuerpo humano? Bueno, en un plano más fisiológico diríamos que de los alimentos, de la luz del sol, de su entorno, etc. Y ya si nos ponemos más místicos podríamos hipotetizar que la energía proviene de esas capas más internas, supuestamente no físicas y aún así presentes en todos y cada uno de nosotros, llamados cuerpos sutiles. Otros dirán que proviene del alma, del espíritu, de Dios. Algunos le llaman “chi”, otros “prana”, otros “éter”, etc. Todo esto es sin duda interesante, pero no compete a mi campo de especialización, así que decido quedarme en lo físico-emocional.

Los 7 cuerpos según la gnosis

Nuestro sistema nervioso, a través del sistema endocrinológico (hormonas), se encarga de llevar a cabo todas esas funciones vitales y aún así no conscientes, automáticas, las cuales nos permiten sobre-vivir: sentir hambre y sed, respirar, digerir, todo lo concerniente a lo libidinal y, por supuesto, descansar. No lo olviden: el cuerpo es una máquina. Si no descansa, disminuirá su vida útil y por ende no podrá llevar a cabo -de modo eficiente- esas funciones típicas y, como ya notaron, esenciales. Léase bien: no estoy asegurando que somos máquinas. Estoy haciendo referencia al cuerpo, no a nosotros. Es que, como bien plantea el budismo, “no somos un cuerpo… poseemos un cuerpo“. Ahora, el hecho de que nuestro cuerpo sea una máquina no le resta en nada su alto grado de sofisticación. Es una máquina fascinante y aún guarda secretos que no terminamos de desentrañar. Hoy sabemos mucho sobre el cerebro, por citar un ejemplo, pero aún no lo suficiente.

Uno de los apartados más interesantes de nuestro cuerpo es el llamado ritmo circadiano (circa-diano: cerca de un día). Es éste el que, cuando funciona bien, cuando está bien calibradito, ejecuta diversos protocolos en momentos particulares de cada uno de nuestros días. Es el que lleva el registro del momento en que debemos comer, en el que debemos descansar, etc. Como podrán imaginar, y si han hecho un viaje a algún destino lejano, es precisamente este el que se “desafina”, lo cual suele conocerse como “jetlag”. Experimentamos el embate del hambre en un momento en que el resto duerme, ya que para nuestro cuerpo, es esa la hora de comer, si estuviéramos en el sitio en el que vivimos.

¿Qué sucede con alguien que no logra poner su cuerpo en modo “hibernación”? Bueno, suceden muchas cosas. Desde las lógicas, a saber cansancio y consiguiente mal humor, hasta algunas mucho más profundas. El doctor Itzhak Fried, neurobiólogo de la Universidad de Los Angeles, California (UCLA) ha logrado demostrar, luego de varias investigaciones que, un cerebro víctima de un cuerpo que no duerme bien, empieza a afectar su capacidad de conexión neuronal (sinapsis), lo cual obviamente incide en cualesquiera función cognitiva, desde las más sencillas (organizar las actividades diarias), hasta las más complejas (conducir, producir intelectualmente, aprender, etc.).

El Dr. Fried, especialista del sueño y sus efectos cognitivos.

Diversos equipos de investigadores incluso han planteado que una persona que no duerme bien termina contando con la misma capacidad de razonamiento lógico y memoria de un alcohólico. Se imaginarán ustedes lo poco confiables que podrían ser los criterios de alguien cuya cognición se encuentre así de alterada. Dormir mal no es poca cosa.

En la Universidad de Pennsylvania, la doctora Sigrid Veasey ha conducido una serie de trabajos de investigación gracias a los cuales se logró ubicar el sitio exacto en el que el insomnio daña, físicamente, a nuestro cerebro. En el tallo cerebral se encuentra una zona llamada Locus coeruleus la cual, expuesta a varias noches sin dormir, empieza a producir neuronas de no muy buena calidad, lo cual claramente afectará procesos tales como la creatividad, la memoria e incluso la capacidad de sobreponerse a situaciones de estrés. Incluso se ha querido relacionar el insomnio con la apoptosis (muerte neuronal), sin embargo, aún no hay estudios concluyentes, lo cual no significa que no suceda.

No debería, entonces, quedarnos duda de que el mal dormir conspira contra el buen vivir. Es que nadie podrá alcanzar la tan deseada paz si su sistema nervioso se ve afectado, noche tras noche, en un proceso que, conforme se va asentando, va a su vez dañando partes que luego será tremendamente difícil rehabilitar. Recuérdenlo. Es una máquina nuestro cuerpo. De un diseño insuperable, pero máquina al fin. Sin su correcto mantenimiento (y el dormir es parte esencial), poco importa cuánto intentemos cuidarlo en la vigilia.

Yo se que la gente piensa que el estrés es parte normal de nuestra vida y quizás sea así. Pero si no hacemos algo, en muy pocas semanas empezaremos a sentir los embates del mal dormir. Y, ya vieron que el insomnio no es sólo un problema por sí mismo. Es un problema que genera a su vez otros problemas.

Ya yo les había confiado la fórmula para NO dormir y también les intenté demostrar que el problema no es la ansiedad, sino el estrés. Pero también, si lo recuerdan, les adelanté que sí se puede curar el estrés . Vean esto…

Los investigadores Greg Flaxman y Lisa Flook del Centro de Investigación sobre atención plena (MARC, por sus siglas en inglés: Mindful Awareness Research Center) de la UCLA, han demostrado, al trabajar en diversos ambientes y con diferentes poblaciones de estudio, el benéfico efecto de la práctica del mindfulness. Si alguien desea revisar sus resultados (presentados en idioma inglés), puede seguir este enlace. Así que, como podrán ver, sí hay algo que se puede hacer.

La técnica del “mindfulness” ha logrado muy promisorios efectos en los cientos de consultantes a los que les he recomendado instalar el hábito de meditar previo a dormir. Y es que por supuesto es importante saber qué nos roba el sueño. Tan importante como hacer algo -práctico- para recobrar tan vital parte de nuestro día.

Allan Fernández, acompañante y orientador filosófico / Podés seguirme a través de Instagram y Facebook

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